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Colombiamoda y los 15 minutos de fama

Crédito: Inexmoda

Tuve la oportunidad de escribir sobre las pasarelas de Colombiamoda 2016 en la edición de julio de la revista Diners. Hablé con Felipe Espinosa, director de 3cero2, la productora detrás de algunas de las pasarelas más importantes de la feria (como la de Johanna Ortiz, a mi parecer, la mejor) y él reveló un poco más sobre los procesos de creación que llevan a un buen desfile.

Pueden leer el artículo aquí.

Columnista invitada en Infashion

http://www.infashion.com.co/nos-gusta/recomendados/16/06/14/el-credo-del-buen-disenador.html

La revista Infashion me invitó a participar como columnista invitada en su edición de junio. Abordé un tema que creo que cada vez será más evidente: la innovación versus la imitación en la oferta de moda.

Invitados a leerlo aquí. Espero que les guste.



Lunareja en Periódico Gente de Belén

En su más reciente edición, el Periódico Gente de Belén (mi barrio) me hizo un artículo genial, en el que podrán conocer un poco más sobre lo que hago y por qué lo hago. 
Lo comparto con ustedes.
Para leerlo en el periódico, aquí (pag 30).
Para ver la imagen en mejor tamaño, aquí.


Revista Mamba ed. 1: Arte POP



Es una gran alegría ver cómo surgen nuevas publicaciones locales que buscan profundizar en la historia del arte y la moda, equilibrando el interés académico con el enfoque placentero y dinámico que demandan los lectores actuales.

Así es Revista Mamba. Una publicación creada por un grupo interdisciplinario joven que admiro tremendamente y que me han dado el honor de escribir con ellos.

Me leen en la página 36 hablando sobre la evolución del vínculo entre el arte y la moda.

En esta edición escribe también mi hermana, Gloria Isabel, a quien leen en la página 33 hablando sobre The Factory, aquel espacio histórico en el que se gestó el POP en medio de happenings, cine y fiestas demenciales.

Espero que la disfruten.




La Moda sin afanes


Les comparto mi texto para Octo Magazine sobre lo desafortunado de acosar a la moda. 

La moda es la eterna insatisfacción con el presente. Todo lo que ayer se deseó como tendencia, como vanguardia, hoy nos aburre y nos invita a poner los ojos en algo nuevo. Frente a ese apetito de novedad se presentan los últimos cambios en las casas de moda: veteranos directores creativos dijeron adiós y las expectativas sobre sus remplazos son bastante altas.

Nicolas Ghesquière dirigió con acierto Balenciaga desde 1997, vertiendo su esencia en los valores de la marca. Por 15 años la maison avanzó al ritmo de Ghesquière, con visiones de Cristóbal Balenciaga asomándose en icónicas siluetas. A finales de 2012 se anunció la llegada de Alexander Wang, elegido para sustituir a Ghesquière con solo 28 años de edad.

Desde 1918 contamos con la innovación de Balenciaga, “el maestro de todos nosotros”, en palabras de Dior. Este español nunca vio límites en el cuerpo femenino; nunca temió inflarlo, encubrirlo, alterarlo, superarlo. Estudió la línea, el movimiento, el material y el detalle, logrando en cada vestido la pureza de las formas. “El verdadero couturier”, confesaría Coco Chanel. El que cortaba la tela, armaba el vestido y podía coserlo a mano. “Los otros son simples diseñadores”.

El joven Alexander Wang llega ahora a una casa que ofrece Ready-To-Wear femenino y masculino, además de accesorios y fragancias. No es secreto que las legendarias casas de moda dependen de perfumería, complementos y pequeñeces similares para generar sus cifras más importantes. El 2013 terminó con el anuncio de PPR –el conglomerado dueño de Balenciaga- de la posibilidad de lanzarse al terreno de la Alta Costura con Wang.

En los días de Christian Dior, Coco Chanel y Cristóbal Balenciaga, la moda se daba un respiro entre colecciones. Las propuestas nacían de viajes a tierras exóticas, de temporadas paseando por calles desconocidas, de inspiraciones de cocción lenta. Ahora tenemos la moda veloz, la mera satisfacción de la demanda. Esperar propuestas trascendentales es ingenuidad romántica.

Suzy Menkes escribió el año pasado en el NY Times sobre la “rueda del hámster” en la que se han montado los diseñadores. En el caso de Balenciaga hablamos de colecciones de pre-fall y resort, aparte de ready-to-wear y menswear dos veces al año. Se suman las dos presentaciones anuales de Alta Costura a las que piensa someterse Wang más adelante.

Es solo una de las mentes frescas que ahora toman las riendas de la alta moda. Sobre Wang cae la expectativa de innovación pero también la de rentabilidad. Ojalá el joven modisto, y la nueva generación de la alta moda, puedan silenciar ese constante murmullo fashionista. Si nublan las distracciones usuales del negocio, verán con claridad dónde está la innovación. Solo se necesita concentrar la mirada y dejar los afanes.

La revolución contra el buen gusto*


*Escrito para la nueva publicación digital OCTO Magazine.



‘Revolución’ es una palabra que se ha usado muchas veces para contar la historia de Colombia, aunque nunca en términos de moda. En tantas décadas de agitación interna no se ha moldeado un estilo vestimentario que haya cambiado profundamente la estética nacional.

El tema de moda: el plagio editorial

La semana pasada, la ilustradora colombiana Angélica Moreno descubrió un caso de plagio en "La Maravilla de ser mujer" de Pilar Castaño. Con intención de conocer más de cerca la historia, encontré varias de las imágenes plagiadas y las compartí en twitter comparándolas con las fuentes originales. 
La historia desató un debate en torno al plagio editorial: esto escribí al respecto para el medio digital colombiano Pulzo.

La aventura de la ropa de segunda


Les comparto mi reciente entrega para la publicación De la Urbe, sobre la aventura de la ropa de segunda.


El amor por la ropa de segunda es también un amor por la aventura. Mis primeras visitas a tiendas de segunda mano se dieron en los pasajes exteriores de la Plaza Minorista en Medellín. Los vendedores ofrecen desde jeans y camisetas hasta ropa de trabajo usada y trajes de primera comunión en sus pequeños locales. “La basura de unos es tesoro de otros” acierta la frase. 

En los pasillos de la Minorista hay un local llamado “Las Orquídeas”. La mujer que atiende, doña Nena, me ha vendido algunas de las prendas que más atesoro. Subir al segundo piso solo es posible agachando bien la cabeza y cuidándose de no tumbar los tacones que cuelgan de las paredes. Encaramarse a ese zarzo a escarbar entre trapos no es la imagen idealizada del shopping de moda, pero no hay mejor lugar en Medellín para encontrar prendas con historias que contar.
Las tiendas de ropa de segunda de la Minorista no se parecen a las tiendas de moda tradicionales con estanterías ordenadas y limpieza fluorescente. No hay vitrinas y a veces no hay ni repisas, en cambio, la ropa se acumula en grandes montañas que luego se derrumban cuando uno intenta sacar alguna prenda.
A veces, metiendo las manos entre los estantes repletos de harapos, se encuentra alguna prenda extraordinaria y entonces se necesita suerte para que sea de la talla correcta y no esté rota o manchada. Los hallazgos justifican la aventura: chaquetas de cuero, bolsos de fiesta cubiertos de lentejuelas, faldas estampadas de flores y blusas de encaje. Además comprar prendas usadas es una forma de consumo responsable, pues se genera menos desecho y se reutilizan productos descartados.

Existen en el mundo muchos espacios dedicados a la moda de segunda. En las calles de Madrid o París se encuentran almacenes de vintage donde los abrigos de Dior cuelgan apeñuscados con chaquetas Adidas y camisas en poliéster de la era disco. Algunos almacenes modifican sus piezas para hacerlas más atractivas. Es así que las chaquetas se cortan como chalecos y los vestidos pierden sus mangas infladas para seguir líneas más actuales.
Se ven mercadillos de domingo con toldos de ropa vieja mezclada con falsificaciones de bolsos costosos y bisutería. Las compras son a ojo, sin vestidores y ponen a prueba el talento para regatear. 

Las tiendas son templos de nostalgia, con armarios antiguos llenos de trajes con brocados y encajes manuales, con sombreros cubiertos de plumas y broches de nácar. Tiendas que venden historias, más que prendas usadas.

Medellín ha comenzado a abrir nuevos espacios para la moda de segunda. Ya no es solo una tendencia de los prudentes de bolsillo sino de compradores nostálgicos, hipsters y fashionistas buscando un estilo único. Se ven nuevas tiendas a las que llegan camafeos de bisabuelas y suéteres de aire grunge rescatados de almacenes de segunda mano en Estados Unidos. También locales multi-marca con conceptos “sostenibles” y “ecológicos” en los que joyas de autor, bicicletas de línea retro y hasta plantas conviven con ropa usada.
El discurso de moda responsable es innecesario, la verdad es que lo versátil de la oferta de segunda y los precios son argumentos imbatibles. Si despiertan algún día con espíritu aventurero, los invito a la Minorista, donde los pasillos están llenos de harapos extraños y tesoros con historia.  

Cine y Moda: Un romance en la era del Jazz

En la edición número 18 de Mallpocket, "Cinefilia", encontrarán mi más reciente artículo sobre moda y cine, a propósito de la tendencia 1920s y The Great Gatsby.

Encontrar palabras para hablar de moda



Vestido y Sombrero
Grabado en linóleo
Diana Gómez
Hace un par de días se realizó en Bogotá un encuentro con el diseñador Haider Ackermann. Durante el encuentro, Ackermann hizo afirmaciones sobre el medio que fueron consideradas bastante controversiales. No solo se mostró indiferente a las tendencias –consideradas indispensables en el proceso de diseño de productos de moda- sino que además mostró gran desdén por los blogs de moda y otras herramientas del 2.0.

La verdad es que me inclino a comprender su postura, especialmente desde el escenario colombiano, donde los blogs aparecen como la materialización de un deseo por ser parte de un mundo de élite, de llenar un altar de amor propio, de ser considerados importantes por las marcas o incluso de recibir regalos, como señala Catherine Villota, editora de Fashion Radicals en su columna en El Colombiano sobre este mismo tema.

Los puntos que parecen separar en la definición al blogger del periodista de moda son el lenguaje, la objetividad y las prioridades a la hora de escribir sobre un tema. Al parecer al blogger le corresponde la candidez de la subjetividad mientras el periodista debe mantener una mirada seria y un enfoque investigativo.

La verdad es que en la lectura de medios especializados y blogs sobre moda nacional, se me hace evidente una falta de criterio para elaborar miradas profundas en torno a la moda. Medios nacionales que copian y pegan comunicados de prensa; comunicados de prensa hechos sin una intención de realmente mover al periodista hacia los elementos más relevantes de una colección, un producto, una marca;  bloggers que se quedan en adjetivos trillados y imparcialidades que poco interesan. Elogios insípidos de que “todo es divino, me encantó, me enamoré, espectacular…” pero faltan los por qué.

Siempre he sentido que existe una hermosa correspondencia entre vestuario y palabra, un vínculo que podría aprovecharse, un reto para intentar desde las palabras hacer de la moda un tema más claro, lograr con el lenguaje que la indumentaria deje de ser vista como un asunto frívolo y pasajero, ¿cuántas personas que escriben sobre moda en este país realmente se apasionan por las palabras? 

Entre bloggers y periodistas, creo que estas son oportunidades de crecimiento. Establecer una crítica de moda sólida en el país, fortalecer la industria nacional depende de la capacidad investigativa y analítica de que quienes tienen el privilegio de ser leídos. La subjetividad puede ser una gran herramienta para mover al lector, las opiniones personales del blogger tendrán una franqueza que los medios oficiales envidian, pero para ser tomados en serio por los diseñadores, las instituciones y los generadores de espacios de moda se necesitan menos egobloggers y más conocimiento. 

¿No les cansa leer siempre textos que se limitan a describir lo que sucede en la pasarela? “Estas son las siluetas, estos son los colores, las texturas que aplicó fueron estas…”
¿Y los posts de blog que aseguran que una colección es bella, bellísima, hermosa, la más increíble colección?

Pero, ¿Qué significa todo eso? ¿Por qué es bello? ¿Por qué es bueno? ¿Qué intenta decirnos el diseñador?

"La moda es un tema frívolo, de mentes blandas". Combatir estas definiciones nunca será posible si las lecturas vacías continúan siendo las fuentes de información sobre moda. Si sentimos amor por las prendas y amor por las palabras, escribamos con pasión y apoyemos esa pasión en argumentos, lo mejor que puede suceder es que logremos nuevas convicciones y renovemos las propias.

La moda como sirena homérica: el monstruo seductor

Hace exactamente un mes se publicó en el Guardian un artículo titulado (en inglish) “Porque odio la Moda” de Tanya Gold . El artículo causó controversia y recibió elogios por revelar con bravura lo que otros callaban por miedo: la moda es un monstruo terrible que busca desalmar a las masas y arrebatar la dignidad de las personas que no sienten su valía en equivalencia con la valía de sus prendas de vestir. El artículo también ha tenido enemigos, quienes afirman que la única causante de sus desastrosos encuentros con la moda es la amargada autora del artículo. Sugiero que lo lean, sino mi siguiente cavilación sería incomprensible.
Yo me encuentro en un punto medio, cosa que rara vez sucede y siento que aunque misia Tanya tiene derecho a hacer su catarsis, a poner en tela de juicio los valores que para ella nos revisten a todos los que usamos prendas “de moda”, también hay un extremismo peligroso, y una clara confusión de términos.
La moda es un sistema, un fenómeno, un embrujo, una sombra inevitable que cubre la sociedad y envuelve lo que vestimos, comemos, jugamos, hablamos, amamos y odiamos. El consumismo es una tendencia hacia la compra desaforada asociada con la satisfacción o felicidad personal. Podemos afirmar que moda y consumismo se relacionan, uno apoyándose en el otro para seguir avanzando.

Para estudiosos del tema como Lipovetsky, es esta conexión entre consumismo y moda lo que ha puesto a la última en la negativa mirada de personas como Tanya Gold. El consumismo es mal visto, la prioridad del shopping sobre todo lo demás, la sed insaciable de autodefinición frente a la vitrina de un almacén, la necesidad de llevar “lo que la gente está llevando” solo que mejor llevado, es considerado éticamente inferior, de mentes blandas, de almas perezosas. Sin miedo a sonar hipócrita, estoy de acuerdo. El consumismo como forma de vida, como método de autoconocimiento me parece estúpido y vacío. Pero consumismo y moda NO SON LO MISMO.
La moda finalmente ha sobrepasado las marañas del mercadeo. Vivimos en un momento histórico privilegiado donde no tenemos porque comprar todos en los mismos almacenes como borreguitos sin estilo. Aun en este Medejean del tercer mundo hay quienes visten sin preocupación de lo que diga Martha Cálad en su informe de tendencias . Hay quienes hacen su propia ropita, quienes reciclan maravillas del closet de la tía setentuda o compran leñadoras muy grunge en la minorista (nada más honestamente grunge que la “ropa de muerto”). Eso también está envuelto en moda, y la autoconciencia no se ha perdido por la sensación maravillosa de una prenda que nos hace sentir bellos, interesantes, cómodos y diferentes.

El problema real es tomarse las cosas muy en serio. Asumir que es culpa de LA MODA que a una persona la discriminen por tener unos kilos de más o que alguien piense que tiene que vestir de cierta manera para hallar con quien aparearse, es ir demasiado lejos. La moda no es una institución oscura como en “Zoolander” que mueve los hilos del mundo solo para vender más calzoncillos. No es uno de los peores males del universo (así me divierta pensar que Anna Wintour debería tener una Estrella de la Muerte).

Si vas a un almacén de moda, buscando encontrarte a ti mismo, el problema no es el almacén sino tu propia falta de criterio. Si esperas que después de comprar unos hermosos zapatos significativamente costosos, los zapatos te hablen y digan que te ves hermosa con ellos, que valió la pena la compra, estas poniendo tu confianza en el lugar equivocado. Hay que saber diferenciar entre la moda, el consumismo y el estilo, especialmente cuando escribes un artículo lleno de resentimiento y los culpas por tus propias inseguridades adolescentes.
Qué ironía que misia Tanya no se ha dado cuenta que ser anti moda es sucumbir al sistema también. Todos conocemos a esos intelectuales que se enorgullecen de vivir por fuera de la moda simplemente porque compran sus jeans en el Éxito sin fijarse más que en la talla. Irónicamente, la peste del esnobismo entre los intelectuales “anti moda”, es igual de detestable que el hedor de los esnobistas del mundo de la moda. Qué bueno que tengan en común el desprecio que sienten los unos por los otros. Es bonito cuando la falsa idea de superioridad une a dos enemigos naturales para nuestro entretenimiento.
Los discursos sobre la superioridad moral anti moda me recuerdan al discurso de Miranda Priestly en “The Devil wears Prada”. Hasta el jean del Éxito es parte del sistema, diseñado para ser genérico y cómodo para las masas. Eso es moda también. Es inevitable, la moda abrió la boca y nos tragó a todos enteros. O los que tragamos entero fuimos nosotros?

La verdad es que si una persona se aguanta el sufrimiento de tacones de 10 cm es su propia voluntad. Si deja de comer un mes para ahorrar por una chaqueta, no fue por un murmullo de la moda en su oído, fue por su propia falta de sentido vital. Sea imbécil o inteligente, feliz o vacía, no es culpa de la moda, es su propia voluntad. Si Tanya escogió sentirse infeliz porque no se adapta al standard de Harvey Nichols, alguien debería recordarle que precisamente la tiránica moda aplaude la búsqueda de la diferencia y es por eso que hay tiendas para todos los gustos. Su problema es conformarse, creer que la moda es una dictadura y no un abanico de posiblidades que se renueva cada segundo.

La moda no hipnotiza a nadie, si ese fuera el caso, TODOS estaríamos en los huesos y vestidos de negro de cabeza a pies.
Yo conozco el susurro que hacen las páginas de Vogue cuando las pasas…casi suena con claridad el mensaje “todas somos hermosas!... pero las flacas, bonitas, millonarias y amigas de gente famosa son un poquito más hermosas que el resto!...” Un canto de sirena, para seducirnos hasta hacernos estrellar contra el espejo mientras odiamos nuestro cuerpo imperfecto, nuestra ropa barata…


Aun así, yo no le escupo a la Vogue, simplemente no me la tomo tan en serio.
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