
En Santa Elena se funde la plata, se martillan las piezas, se liman
los bordes, se engastan las piedras y se pulen las joyas de Aleph.
En un mercado donde tantos le apuestan a las fórmulas rápidas y conceptualmente vacías, todavía existen quienes
que se lanzan valientemente a crear por amor al diseño, movidos por un deseo de
ofrecer al mundo algo diferente, que valga la pena. Aunque cada vez son más las
marcas llamativas, atrapando la atención de su audiencia, cada vez son menos
los diseñadores que pueden mostrar la pasión sincera por lo que hacen,
manteniéndose coherentes a sus valores, manteniéndose creativos, profundamente
sensibles y ajenos al sistema de copias que muchos disfrazan como “inspiración
en las tendencias”.




